El Baby Yoga es una práctica terapéutica y recreativa diseñada para fortalecer el desarrollo integral del bebé a través del movimiento suave, el contacto físico y la estimulación sensorial. A diferencia del yoga convencional, el foco no está en la ejecución de posturas perfectas por parte del adulto, sino en guiar el cuerpo del bebé para potenciar su bienestar físico y emocional.
Esta es una experiencia diseñada para ser compartida por igual. Tanto el padre como la madre pueden participar activamente, lo que la convierte en una herramienta poderosa para:
Fortalecer el vínculo afectivo (Bonding): Crea un espacio de comunicación no verbal único entre el bebé y ambos progenitores.
Fomentar la corresponsabilidad: Permite que el padre se involucre profundamente en el cuidado físico y la estimulación temprana del recién nacido desde las primeras semanas.
Reducir el estrés familiar: La atmósfera de calma y juego beneficia la salud mental de todo el núcleo familiar.
Físicos: Alivia cólicos, gases y estreñimiento mediante masajes y movimientos de piernas (como la «bicicleta»). Mejora el tono muscular y la flexibilidad de las articulaciones.
Psicomotores: Estimula el equilibrio, la coordinación y la conciencia corporal, preparando al bebé para etapas como el gateo.
Relajación: Ayuda a regular los patrones de sueño y reduce la irritabilidad al liberar tensiones acumuladas.
Sintonía inicial: Un momento de calma y respiración para que los padres conecten con el bebé.
Movimientos asistidos: Ejercicios suaves de brazos y piernas al ritmo de canciones o rimas.
Tiempo de suelo (Tummy Time): Posturas boca abajo para fortalecer el cuello y la espalda.
Relajación final: Masaje suave y contacto piel con piel para cerrar la sesión con tranquilidad.
Nota: Se recomienda comenzar a partir de las 6 u 8 semanas de vida del bebé y siempre respetando sus ritmos de hambre, sueño y humor.
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